Esta es la realidad que aqueja al continente, con violencia y adicción en incremento, como consecuencias del avance del crimen organizado, el cual ahora no sólo centra sus actividades en el tráfico de enervantes, sino en el trasiego de armas, lavado de dinero, extorsión, secuestro, control de productos apócrifos ("piratas"), tráfico y trata de personas, robo de vehículos y combustible, entre otras actividades ilícitas, con células especializadas para cada operación.
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