Sentencían a familia acusada de trata de personas

Según los hechos, dos hermanos circulaban por zonas marginales de algunos estados donde seducían a menores de edad, a quienes convertían en sus parejas para después convencerlas de irse a Estados Unidos, donde eran explotadas sexualmente.

Tras investigaciones, se conoció que dos jóvenes mujeres más, quienes al escapar de sus tratantes, regresaron a México, con lo cual se logró conocer a detalle el modo en que operaban los hermanos Romero Rugerio, quienes adquirían autos lujosos para impresionar a las jovencitas, seducirlas y después enviarlas a Estados Unidos.

Cruzaban de indocumentados y, una vez en aquel país, eran trasladadas a departamentos que el mismo grupo tenía y atendía Cristina Hernández, quien les instruía en su nueva labor, que desempeñaban de lunes a domingo, sin descanso, durante todo el día hasta que cubrían la cuota de entre 20 y 40 contactos sexuales.

Por cada acto sexual de 15 minutos, cobraban 30 dólares. Empero, si debían despojarse de alguna prenda o "atender alguna solicitud especial", la tarifa aumentaba. El dinero les era quitado de inmediato, con el argumento de que era para construir una casa en México. Hasta que lograban huir.
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