La niña del exorcista

Por influjo de una obsesión pansexualista, son incapaces de reconocer la gran ayuda que la vivencia de la castidad presta a la salud pública
He de confesar que la reacción de algunos círculos políticos y medios de comunicación ante los pronunciamientos de la Iglesia Católica y, más en particular, del Papa, me trae a la memoria a la niña de la película El exorcista, que veíamos allá por 1973, cuando todavía el flequillo nos tapaba la frente. Recuerdo con viva impresión aquellas escenas en las que una niña, de nombre Regan, convulsionaba de forma violenta sobre la cama, levitaba, echaba espumarajos por la boca, se le entornaban los ojos y hasta giraba completamente su cabeza… ¡Y todo porque habían derramado sobre ella unas ‘inocentes’ gotas de agua bendita!

Bromas aparte, tras las declaraciones de Benedicto XVI en una rueda de prensa, en la que se limitó a afirmar que la pandemia del SIDA no puede ser vencida exclusivamente por el recurso al preservativo, sino que se requiere una educación en una sexualidad responsable, hemos sido testigos de unas respuestas absolutamente desproporcionadas, injustificadas y muy reveladoras del ‘misterio’ de fondo que se esconde tras estas reacciones ‘convulsivas’...

“Vendrán tiempos en que no se soportará la sana doctrina…”

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