En misa y repicando · ELPAÍS.com

Lo más extravagante de esta iniciativa parlamentaria es que se extraña de que el Papa se comporte como tal, condenando el preservativo o reclamando a sus fieles una “renovación espiritual de la sexualidad”. La proposición, por lo demás, es bien radical. No hay manera mejor para espantar de raíz los desastres del sida que la abstinencia sexual plena. Dicho groseramente, muerto el perro se acabó la rabia. La noticia hubiera sido que Benedicto XVI dijese en África cosas distintas. La posición del Vaticano y sus obispos en cuestiones de sexo no ha variado un ápice desde San Agustín, ni lo va a hacer en décadas.

“la palabra del Papa incomoda al negocio del preservativo y a los adoradores de un sistema económico que se desploma a nivel global”.

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