Medicina por BWN Patagonia | Diario digital de El Bolson

En The Lancet, Ames Shelton, de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, ha afirmado que uno de los mitos más dañinos en la lucha contra el sida es que los preservativos son la respuesta. Y en 2004, un artículo en la revista Studies in Family planning concluía que “no existen ejemplos claros de un país que haya conseguido reducir una epidemia generalizada principalmente por la distribución de preservativos”. De hecho, la prevalencia del VIH puede crecer con el aumento de la distribución de preservativos.

En Camerún, entre 1992 y 2001, las ventas de preservativos aumentaron de 6 a 15 millones, pero la tasa de sida se triplicó.

Durante mucho tiempo, la investigadora Helen Epstein, autora de The Invisible Cure: Africa, the West, and the Fight Against Aids, atribuyó la epidemia al comercio sexual, a la pobreza, a la discriminación contra la mujer y al bajo uso del preservativo. Pero después de observar que las tasas de VIH crecían incluso a pesar del aumento del uso del preservativo, intuyó que la concurrencia era la clave. Describe estas relaciones múltiples y estables como la “gran autopista por donde discurren las infecciones... Por tanto, es crucial un cambio colectivo en las normas sexuales”.

Los condones, como explicó el doctor Green a Mercator.net, “incluso pueden exacerbar los niveles de infección, debido a un fenómeno llamado compensación del riesgo, o desinhibición conductual. La gente asume más riesgos sexuales porque se siente más segura”.

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