«África necesita respeto y justicia. Los preservativos, aunque sean un millón, no bastan para disimular las vergüenzas de la otra orilla». Una misionera dominica y médica de profesión, Raquel Gil, declaraba esto: «Nuestro enemigo es el sida, no el preservativo. El dolor, la discriminación, el hambre, la estigmatización, familias enteras infectadas, países que se quedan sin población en edad de trabajar, cuerpos rotos que nadie quiere tocar? eso es el sida». Y la religiosa médica afirma que repartir condones, sin información alguna, no es digno de la condición humana. Está claro que no es eficaz y, en su opinión, «no es admisible». Ella habla de un uso «responsable» y está convencida de que hay que plantear respuestas al problema a más largo plazo, como «trabajar una educación sexual integral, igualdad de género, valores, comportamientos y hábitos?, desde edades tempranas, sobre todo los adolescentes, en mayor peligro». Su testimonio, junto al de otros religiosos que trabajan en África, lo recoge también esta semana «Vida Nueva».