En teoría, los programas de continencia sexual y las estrategias de sexo seguro pueden ser complementarias entre sí. En la práctica, los dos enfoques son incompatibles. Una vez que se promueve el uso de preservativos, se acepta que la abstinencia no es una opción convincente. Y si se afirma, como hace la Iglesia católica, que la promiscuidad sexual favorece el SIDA, es absurdo recomendar medidas que implícitamente relativizan esta posición.
Ésta es una cuestión compleja, que no puede reducirse a una simple cuestión de preservativos. Lo que necesita el mundo es un profundo y sincero debate, y no una fanática propaganda libertaria disfrazada de reportaje.