VIH/Sida/ITS: Prevención, responsabilidad y amor al prójimo.


Queridos hermanos:

Dice el Señor:

«No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. Porque cada árbol se conoce por su fruto».
Lucas 6:43-44 – Reina-Valera 1960

Los hombres también son conocidos por sus obras.

Cuando el Señor nos permite llevar a nuestros hermanos conocimientos que pueden contribuir a la prevención del VIH, del sida y más ITS que tienen el potencial de volver estériles y aún de matar a las personas, a veces podemos sentirnos abrumados al contemplar la magnitud del problema y pensar que es muy poco lo que podemos hacer.

Sin embargo, cada vida que podamos orientar, cada joven que aprenda a tomar decisiones responsables y cada familia que reciba una enseñanza preventiva constituyen motivos suficientes para continuar.

Desde nuestra convicción cristiana, creemos que muchos comportamientos de riesgo pueden evitarse mediante una vida fundamentada en los principios del Evangelio: fidelidad, dominio propio, responsabilidad, respeto por nuestro cuerpo y respeto por la vida del prójimo.

La regeneración que propone el Evangelio no incluye la práctica de la promiscuidad, de la homosexualidad, de la explotación sexual ni de la prostitución; El mundo muchas veces presenta determinadas conductas como demostraciones de libertad o incluso de hombría; sin embargo, para el cristiano nuestro modelo es Jesucristo. El ejemplo de vida que Jesús nos dejó no incluye la fornicación sino la pureza, el amor, la responsabilidad y el respeto hacia los demás.

Hermanos, si alguna vez pensamos que estamos entrando en áreas de formación que deberían corresponder únicamente a pastores, sacerdotes, líderes religiosos, médicos, educadores o especialistas, recordemos las palabras de Jesús:

«Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies».
Mateo 9:38 – Reina-Valera 1960

Por eso podemos decir:

Señor, que se haga tu voluntad. Si puedo servirte, ¡Muchas gracias por este privilegio! Y si me has puesto esta tarea, permíteme realizarla de la mejor manera posible.

Conocer para prevenir

Uno de los peligros del VIH es que una persona puede haber adquirido el virus y no presentar síntomas. Además, existe un denominado período ventana, cuya duración depende del tipo de prueba realizada. Por ello, una prueba practicada demasiado pronto después de una posible exposición puede necesitar repetirse siguiendo las indicaciones de los profesionales de salud.

Durante una infección no diagnosticada, una persona puede desconocer que vive con VIH. De ahí la importancia de la información, las pruebas oportunas, la atención médica y la responsabilidad personal.

El VIH puede transmitirse por determinadas exposiciones sexuales, por contacto con sangre contaminada, por compartir material de inyección y de madre a hijo durante el embarazo, parto o lactancia. Actualmente, además, los tratamientos antirretrovirales permiten que las personas con VIH tengan una expectativa de vida considerablemente mejor y desempeñan un papel fundamental en la prevención de nuevas transmisiones.

Por eso nuestra enseñanza no debe fundamentarse en el miedo ni en la condena de las personas, sino en la verdad, la prevención, la responsabilidad y el amor al prójimo.

Dice el Señor:

«No matarás».
Éxodo 20:13 – Reina-Valera 1960

Este mandamiento nos recuerda el inmenso valor de la vida humana. Quien conoce cómo proteger su propia vida y la de los demás tiene también una responsabilidad moral de actuar prudentemente.

Y quienes conocemos herramientas de prevención para cuidar la salud y la vida, debemos preguntarnos:

¿Qué estamos haciendo para transmitirlas?

¿Somos parte del problema o somos parte de la solución?

Una oportunidad para servir

Hermanos, trabajando en la prevención del VIH/sida e Infecciones de Transmisión Sexual, también podemos realizar una gran obra de servicio. Podemos acercarnos a personas que necesitan información, orientación, esperanza y, sobre todo, conocer el amor transformador de Jesucristo.

La Escritura nos dice:

«Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados».
Santiago 5:19-20 – Reina-Valera 1960

Por eso, nuestra tarea no consiste solamente en advertir sobre una enfermedad. Consiste también en educar, prevenir, orientar, servir y mostrar que los principios contenidos en las Sagradas Escrituras pueden ayudarnos a proteger la vida y dignidad de nuestros semejantes.

Que el Dios Todopoderoso nos conceda sabiduría, fortaleza y amor para cumplir esta misión.

Que Dios sea con vosotros.

Fundación El Dorado Internacional