¿Cuántas vidas más tienen que perderse antes de que reaccionemos?
La epidemia del VIH no ha terminado. En 2025, aproximadamente 41 millones de personas vivían con VIH en el mundo; 1,2 millones adquirieron el virus durante ese año y unas 570.000 murieron por enfermedades relacionadas con el sida. Esto equivale, aproximadamente, a una nueva infección cada 26 segundos.
Las cifras han mejorado respecto de las décadas más duras de la epidemia, pero más de un millón de nuevas infecciones en un solo año siguen siendo una tragedia mundial que no podemos normalizar.
¿QUÉ ESTAMOS ENSEÑANDO A NUESTROS HIJOS?
Todavía existen sociedades y ambientes en los que se considera una demostración de “hombría” iniciar precozmente a adolescentes - incluso menores de edad- en prostíbulos o relaciones sexuales de riesgo.
Esto NO es educación.
Exponer sexualmente a un menor no lo convierte en “hombre”. Lo expone a abuso, explotación, embarazos no deseados, VIH, sífilis, gonorrea, hepatitis, virus del papiloma humano y otras infecciones, además de posibles consecuencias psicológicas y sociales.
Debemos preguntarnos seriamente:
La prevención no puede reducirse a entregar un preservativo y considerar terminado nuestro deber como padres y como sociedad.
La propia ONU reconoce que el preservativo reduce el riesgo de transmisión del VIH y de algunas infecciones de transmisión sexual, pero no elimina todos los riesgos ni protege frente a todas ellas.
Y esto debemos decirlo con absoluta claridad:
REDUCIR el riesgo no significa ELIMINAR el riesgo.
Por eso una prevención responsable debe incluir información veraz, evitar conductas sexuales de riesgo, pruebas diagnósticas, atención médica y, para quienes libremente asumen los principios cristianos, castidad antes del matrimonio y fidelidad dentro de él.
PREVENIR SIGUE SIENDO MEJOR QUE LAMENTAR
No necesitamos exagerar los datos para comprender la gravedad del problema.
Detrás de cada cifra existe una persona, una familia, unos padres, unos hijos.
Y aunque actualmente los tratamientos antirretrovirales permiten que muchas personas con VIH mantengan su vida, todavía no existe una cura general disponible para eliminar el VIH del organismo.
Además, aproximadamente 9 millones de las personas que vivían con VIH en 2025 no estaban recibiendo tratamiento antirretroviral.
NUESTROS HIJOS NECESITAN ALGO MÁS
Nuestros jóvenes necesitan padres presentes.
Necesitan aprender que su cuerpo tiene dignidad; que otra persona jamás debe ser utilizada como objeto sexual; que amar implica responsabilidad; que las decisiones tomadas durante la adolescencia pueden tener consecuencias durante muchos años.
Necesitan también aprender a resistir la presión de amigos, alcohol, drogas, pornografía, explotación sexual y ambientes que presentan cualquier conducta como inofensiva simplemente porque está socialmente aceptada.
Como cristianos tenemos además una responsabilidad que no podemos delegar:
hablarles de DIOS.
Debemos enseñarles que un verdadero hombre no demuestra su hombría conquistando sexualmente a otras personas.
Un hombre de verdad ama a DIOS, se respeta a sí mismo, respeta a la mujer como creación amada de DIOS, protege a su familia, cumple su palabra y ama a su prójimo como a sí mismo.
Y la misma dignidad, responsabilidad y santidad deben ser enseñadas a nuestras hijas.
“Y LAS REPETIRÁS A TUS HIJOS”
La Escritura nos recuerda nuestra obligación:
“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. Y amarás a Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.”
Y añade:
La formación moral no comienza cuando nuestros hijos ya tienen problemas.
Comienza en el hogar.
Debemos hablar con ellos antes de que las drogas, la pornografía, la promiscuidad, la explotación sexual o las malas compañías lo hagan por nosotros.
Debemos enseñarles amor, respeto, castidad, fidelidad, responsabilidad, dominio propio y santidad de mente, corazón y cuerpo.
A QUIENES VIVEN CON VIH O CON OTRA INFECCIÓN
Este mensaje no pretende condenar ni humillar a nadie.
Una persona infectada con VIH, hepatitis, sífilis, VPH u otra enfermedad conserva íntegramente su dignidad humana y merece respeto, atención médica, acompañamiento y amor.
Si usted vive con VIH, busque atención médica y no abandone su tratamiento. Los tratamientos modernos pueden controlar el virus y proteger tanto su salud como la de otras personas.
Y si usted es creyente, no pierda la fe.
Ore. Aférrese a Jesucristo. Busque paz, reconciliación y fortaleza espiritual.
La medicina atiende nuestro cuerpo; la fe sostiene nuestra esperanza.
TODAVÍA ESTAMOS A TIEMPO
No esperemos a que el VIH, las drogas, la violencia, la explotación sexual o cualquier otra tragedia entren en nuestro propio hogar para comenzar a hablar con nuestros hijos.
Es mejor que conozcan hoy la realidad y aprendan a proteger su vida, que lamentar mañana aquello que pudimos prevenir.
Protejamos a nuestros niños.
Eduquemos a nuestros jóvenes.
Recuperemos la responsabilidad de los padres.
Enseñemos respeto por la vida y por el cuerpo humano.
Hablemos claramente de las consecuencias de nuestros actos.
Y, sobre todo, volvamos nuestros corazones hacia DIOS.
Que contar infectados o muertos no sea nuestra misión.
La prevención salva vidas.
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