'Binge drinking', el alma (etílica) de las fiestas

Para los especialistas, los principales riesgos se concentran a corto plazo en la pérdida de control y aumento de conducta de riesgo, "efectivamente, esta práctica se traduce en un mayor número de accidentes de tráfico, actos violentos, embarazos no deseados, VIH y otras enfermedades de transmisión sexual, síndrome alcohólico fetal y dependencia al alcohol", indica Camarelles.

A este estudio, habría que añadirle varios estudios que vienen analizado este tipo de ingestas con otra tantas patologías. "Desde los problemas de concentración y memoria en los cerebros adolescentes, a complicaciones de erección en los hombres, presión arterial alta, la ya mencionada diabetes tipo 2 o, en el caso de juntarlo con otras sustancias, como el tabaco emperoramiento de la resaca, o los problemas de unirlo a cocaína o cannabis", explican los expertos.

Para Calderón, "la idea es recuperar otras formas de ocio, entender que el alcohol es también una droga, que con ello te machacas la vida y acabar con las clásicas imágenes de los padres medio tomándose a broma la borrachera que trae el niño a casa al día siguiente. No son cosas de la juventud, son problemas importantes", finaliza.
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