Con la violencia como capacidad única en sus inicios —ignorante de las complejidades de ir y venir por el mundo con cocaína, incierto en el galimatías de lavar dinero—, Lazcano utilizó ese recurso no solo para confrontar a los empresarios de las drogas rivales y antiguos socios. Diversificó su industria y, al cobijo de los mismos policías y políticos comprados, tomó por las buenas o las malas los otros grandes negocios del crimen organizado: piratería, contrabando, venta de armas, explotación laboral y sexual, tráfico de personas, secuestro, extorsión masiva, venta de armas, control de prisiones...
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