Federico después de los experimentos

Y probaron de todo: inyecciones, insertar pus con gonorrea en los órganos genitales, el ano, la uretra e incluso los ojos. También hicieron punciones lumbares para llevar el virus directo al sistema nervioso y les obligaron a beber brebajes con sífilis para de paso comprobar si la enfermedad podía contagiarse con besos o sexo oral. “Pusieron casi el mismo esfuerzo en contagiar que en probar los tratamientos de prevención de la gonorrea”, dice el estudio presentado por la comisión estadounidense. En otras palabras: se esforzaron en enfermar casi tanto como en curar.

En su intento se cobraron la vida de cerca de 83 personas, una de ellas fue Berta. Se sabe poco de su vida, pero mucho de su muerte. Berta estaba internada en el hospital psiquiátrico; en los archivos no se guardó ni su edad ni su apellido. Solo se conoce que fue inyectada con sífilis en un brazo y más tarde con pus contaminado con gonorrea en los ojos, el ano y la uretra. A los pocos días los ojos de Berta se llenaron de pus amarillo y la uretra empezó a sangrarle. Murió en agosto de 1948 luego de 7 meses en los que los médicos estadounidenses la utilizaron a su antojo. Así infectaron a soldados, presos y enfermos mentales.
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