La novedad en esta ocasión es que, por primera vez en mucho tiempo, la policía ha sido recibida con aplausos en las favelas. Los habitantes de esos pobres poblados apoyan la acción militar. Es más, en una semana la Policía ha recibido más de mil denuncias anónimas, con informaciones sobre escondites de armas, drogas y narcos. Antes, los habitantes de las favelas lloraban por los malhechores muertos. No por nada, sino porque los narcos eran quienes sustituían al Estado.
El cambio de actitud de la población ha sido en buena parte resultado de la operación desarrollada desde hace dos años por el Gobierno de Río por la que unas Unidades Policiales de Pacificación intentan rehabilitar las favelas con la colaboración de grupos de acción social y la construcción de escuelas y viviendas.