Aunque hoy se dispone de más información, aún persisten el estigma y la exclusión sobre los pacientes con VIH, que son otra barrera que dificulta que busquen ayuda y sigan un tratamiento.
Mejía aseveró que ahora muchas personas son más sensibles al tema. Sin embargo, Arathoon señaló que en el mismo gremio médico el prejuicio se mantiene. “Hay profesionales que se rehúsan a tratar gente con VIH y discriminan a los colegas que lo hacen”, comentó.
El rechazo aumenta en los grupos de homosexuales y transgénero, “pues no son precisamente la población más respetada”, dijo Mejía.
Si bien, a decir de Cabrera, el Programa Nacional del Sida dirige su esfuerzo hacia la prevención, los esfuerzos distan de ser los mejores, según infectólogos.
Arathoon manifestó que las campañas no funcionan, ya que el 80 por ciento de pacientes que se acercan por primera vez ya tienen el sida desarrollado. “Llegan tardísimo porque no hay acceso a pruebas”, explicó.
Mejía lo atribuye a la creencia de que la infección se da solo en grupos marginales —como prostitutas, homosexuales y drogadictos—, cuando en realidad el riesgo es latente para quien tiene varias parejas sexuales o tiene contacto con sangre contaminada.