La generación perdida por el sida

Enterraron a sus hijos y tienen que sacar adelante a sus nietos entre el dolor y la pobreza en la que viven. Son las abuelas surafricanas, un país donde 5,7 millones habitantes están infectados de sida. Dos de cada tres casos de esta dolencia pasan en el África subsahariana. El 90 por ciento de los niños que nacen con la enfermedad están en esta parte del planeta. Bajo el emblema GAPA (siglas en inglés de Abuelas Contra la Pobreza y el Sida) estas 250 mujeres buscan el consuelo unas con otras mientras sus nietos juegan y se educan. Pero no es sólo sobrellevar el duelo, las GAPA se apoyan para salir adelante y una vez que superan el dolor forman cooperativas con el objetivo de sacar algunos ingresos: manualidades, tejer, son algunas de sus actividades.

Las estadísticas sirven para encuadrar la escena: en 2006 había en Suráfrica 350.000 niños con VIH. Cada día nacían 200 seropositivos. La infección surgida a principios de la década de los 80 dejaba además un millón de huérfanos en el país. Es la realidad surafricana. El sida, la pandemia del siglo pasado, ha matado a toda una generación. ¿La herencia? Muchos niños infectados y abuelas que luchan por que su futuro sea mejor que el de los hijos que enterraron.

Pero detrás de la estadística hay caras. Lo cuenta Dorothy que a sus 82 años es de la más veteranas del grupo. En 2005 su hija falleció de sida, una pérdida que la sumió en la más profunda tristeza. Ella, que no tiene nietos que aportar (su nieta ya tiene 26 años), encontró en las otras abuelas consejo, amistad y apoyo emocional. Lo que cualquiera buscaría en un grupo de amigas en el primer mundo, sólo que aquí el reto es mayor: prevenir que esos niños acaben por contraer el sida que mató a sus padres, aunque algunos ya nacieron con él. En definitiva, romper el círculo de extrema pobreza, enfermedad y muerte. ¿Su secreto? «No caer en la desesperanza», cuenta Dorothy.

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